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Early Access

Anomaly President

Votar con los puños nunca fue tan divertido

Anomaly President combina el espíritu del beat 'em up clásico con progresión roguelite, una campaña política disparatada y un combate que cuesta soltar. Su tramo final todavía necesita algunos ajustes, pero la experiencia disponible ya resulta extensa, estable y tremendamente divertida.

Introducción

Hay juegos que necesitan varias horas para mostrar sus cartas y otros que consiguen atraparte desde el primer golpe. Anomaly President pertenece al segundo grupo. En cuanto cogí el mando, no lo solté. Su mezcla de acción arcade, progresión roguelite y humor ácido convirtió cada "run" en una excusa perfecta para continuar un poco más. Ese poco más terminó convirtiéndose en unas 30 horas y en la campaña completada.

La premisa inicial es una batalla entre dos candidatos a presidente, tu padre y su rival, que de momento tiene las de ganar. Para vencer al otro candidato el juego te emplaza a gestionar parte de la campaña electoral desde tu autobús y salir a ganar votos a base de palos, venciendo a los ministros del otro candidato. La combinación parece disparatada, pero encaja con una naturalidad sorprendente y da al juego una identidad que va mucho más allá de imitar a los clásicos.

Una campaña a golpe limpio

En su núcleo, Anomaly President conserva el placer inmediato de los beat 'em up de toda la vida. Avanzamos por escenarios repletos de enemigos, medimos distancias y buscamos el momento adecuado para atacar, hacer un parry o esquivar. La estructura roguelite cambia por completo la manera de entender cada recorrido, que será distinto en cada "run", y a diferencia de los beat 'em up de antaño, tampoco basta con memorizar una combinación de golpes, aquí iremos eligiendo mejoras aleatorias tras acabar cada "fase", construyendo una build que desaparecerá cuando nos maten o lleguemos al final. También podremos elegir dos armas antes de empezar el nivel, entre las que personalmente destacaría el martillo y la hoz.

La campaña política no funciona como una simple anécdota, tendremos que reclutar Fluffies, gestionar el autobús y construir nuevas habitaciones para ir avanzando y desbloquear mejoras. La sensación final es que todo encaja muy bien, por un lado tienes la satisfacción instantánea de superar un nivel nuevo y por el otro ir mejorando la "base" en el autobús.

El combate como motor

Todo ese entramado no funcionaría si pelear no fuese divertido y aquí está la gran victoria del juego. Los enfrentamientos son rápidos, exigentes y muy satisfactorios. La reacción a tus movimientos es rápida, las esquivas funcionan perfectamente y la velocidad general evita que la acción pierda tensión. Incluso cuando la pantalla se llena de amenazas, el control responde con la precisión necesaria para que una victoria parezca merecida. Quizá se vuelve un poco caótico cuando intentas hacer "parries" y estás rodeado de enemigos, pero estando ante un Early Access, no me cabe duda que lo acabaran puliendo.

Anomaly President no ofrece selector de dificultad, de modo que su desafío no puede rebajarse desde un menú. Esto refuerza la importancia de aprender patrones, afinar reflejos y comprender qué combinaciones funcionan mejor. Puede ser una barrera para quien busque un paseo, pero también es la razón por la que superar una zona complicada resulta tan estimulante. La derrota rara vez invita a abandonar de inmediato, casi siempre deja la impresión de que el próximo intento puede ser mejor.

La variedad de poderes y mejoras también ayuda. Cada elección modifica el camino hacia una "build" concreta, ya sea una configuración centrada en las armas o una capaz de exprimir las anomalías. El sistema anima a experimentar sin convertir cada error de planificación en una sentencia, y esa libertad sostiene muy bien el componente de repetición.

Progresión, mazmorras y un atasco final

La progresión mantiene un ritmo convincente durante la mayor parte de la aventura. Siempre parece haber una mejora cercana, una nueva posibilidad para el autobús o una combinación que merece ser probada. Esa cadencia hace que las horas pasen con una facilidad casi peligrosa y convierte la reiteración en aprendizaje. Repetir no significa limitarse a recorrer el mismo camino: significa hacerlo con más conocimiento y con una estrategia mejor definida.

El único problema que hemos tenido aparece cerca del final. Llega un momento en el que las vías de mejora se estrechan y el jugador puede quedarse atascado ante un área especialmente complicada sin una alternativa clara para aumentar su poder. Una derrota en la última zona obliga a rehacer las anteriores por lo que la repetición puede dejar de sentirse productiva y comenzar a pesar. Los jugadores con menos habilidad pueden verse atrapados en una secuencia demasiado larga antes de regresar al reto que realmente quieren superar.

No es un fallo que destruya el conjunto, pero sí el ajuste de equilibrio más evidente de esta versión. Un acceso más directo al tramo decisivo o nuevas opciones de crecimiento aliviarían la frustración sin restar dificultad.

Humor y personalidad

La otra gran virtud de Anomaly President es su humor. La sátira política, los personajes y el contraste entre hacer campaña y lanzarse a una zona nueva a pelear construyen un tono propio. El juego entiende que una premisa tan absurda debe abrazarse sin complejos y mantiene esa energía tanto en los sistemas como en la presentación.

Hay un mapa inspirado con mucho cariño en un clásico de culto que destaca especialmente. La referencia se reconoce en seguida, pero funciona por méritos propios y encaja de maravilla con la velocidad, la violencia estilizada y el sentido del humor del conjunto. Es uno de esos momentos que no necesitan explicar el chiste para provocar una sonrisa y que resumen la confianza creativa de la aventura.

Además, a lo largo de los distintos "runs" iremos descubriendo cinemáticas nuevas, con personajes secundarios, que darán más juego a la historia y te harán querer morir para seguir viendo como acaba su historia. Aunque en general no somos partícipes del resultado de estas historias secundarias, sí te acabas sintiendo parte de ella.

También se nota la experiencia previa del estudio con este tipo de acción. La herencia de Anomaly Agent está presente en la fluidez, en el gusto por el espectáculo y en la manera de combinar golpes con una estética muy marcada, pero esta nueva entrega amplía la fórmula mediante su estructura de repetición, su base móvil y la campaña electoral.

Estado del acceso anticipado

Aunque todavía queda margen para ampliar contenido y ajustar el equilibrio, la versión actual transmite una sensación de plenitud poco habitual en un estreno de acceso anticipado. La campaña disponible puede recorrerse de inicio a fin y ofrece suficiente variedad para sostener alrededor de 25 o 30 horas sin que el conjunto parezca un esqueleto a la espera de futuras actualizaciones. Lo que ya existe podría defenderse como una experiencia completa por sí misma, siempre teniendo presente que el desarrollo continúa.

El rendimiento acompaña esa impresión. Durante toda la partida no hay errores, bloqueos ni problemas técnicos relevantes. La acción se mantiene estable incluso en los momentos más intensos, un punto especialmente importante en un juego donde una caída o una respuesta tardía puede hacer que te maten.

La interfaz y los textos están disponibles en español, inglés y más de diez idiomas distintos. Esto facilita seguir tanto la campaña como las decisiones de mejora, aunque conviene recordar que el atractivo principal está en un sistema de combate que habla un idioma bastante universal: entrar, esquivar, golpear y convencerse de que todavía queda tiempo para una partida más.

Lo bueno

  • Combate veloz, exigente y muy satisfactorio
  • Progresión y repetición capaces de mantener el interés durante horas
  • Humor con personalidad y un estado técnico excelente
  • El precio de salida: 12,39 euros es un regalo para un juego como este

Lo malo

  • El tramo final puede dejar al jugador sin vías claras para seguir mejorando

Conclusión

9/10

Anomaly President llega al acceso anticipado con una solidez poco habitual. Tras unas 30 horas y tras haber completado la campaña, lo que permanece es el recuerdo de un combate magnífico, un ritmo difícil de abandonar y una progresión que invita a probar una vez más. El cuello de botella final y la repetición forzada de algunas zonas necesitan ajustes, pero no empañan una experiencia extensa, estable y con una personalidad enorme. Para quien disfrute de los arcades clásicos y de los roguelite, es una recomendación clarísima.

Acción roguelite, aventura y RPG

Recomendado para

  • Amantes de los beat 'em up y arcades de acción clásicos
  • Jugadores de roguelites que disfrutan creando configuraciones y aprendiendo mediante la repetición
  • Quienes disfrutan de los desafíos y el humor ácido

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